23 de abril de 2026
Las denuncias por violencia intrafamiliar que involucran a niños, niñas y adolescentes registraron un fuerte incremento en 2025. Según datos de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, los casos aumentaron más de un 57% en comparación con 2024, superando los 5000 episodios reportados.
El aumento se da en un contexto de creciente preocupación social, marcado además por casos conmocionantes como el ocurrido en Comodoro Rivadavia, que expuso con crudeza una problemática persistente y muchas veces invisibilizada.
Un crecimiento sostenido
En 2024, la OVD había registrado 9840 denuncias por violencia doméstica, de las cuales 3182 (32%) correspondían a personas de entre 0 y 17 años. La tendencia ya mostraba un aumento respecto de años anteriores: en 2023 se habían contabilizado 3828 casos, frente a 3422 en 2022 y 2622 en 2021.
Aunque en 2024 se observó una leve baja, el repunte de 2025 marcó un nuevo máximo en la serie.
Quiénes son las víctimas
El análisis de los datos permite trazar un perfil de las personas afectadas:
* En 2024, el 52% de las víctimas fueron niñas y adolescentes mujeres.
Por edades:
* 27% tenía hasta 5 años
* 36% entre 6 y 10 años
* 24% entre 11 y 14
* 13% entre 15 y 17
En los grupos más pequeños (0 a 10 años) hubo mayor proporción de varones, mientras que en la adolescencia predominan las mujeres.
En 2025, la tendencia por género se mantuvo, pero con cifras más elevadas, destacándose el grupo de 6 a 10 años como el más afectado.
Agresores y vínculos
La mayoría de los agresores son varones. En 2024 representaron el 66% de los denunciados, porcentaje que aumentó en 2025.
En cuanto al vínculo, la violencia ocurre principalmente dentro del núcleo familiar:
* El 80% de los casos corresponde a relaciones parentales.
* Dentro de ese grupo, el 66% señaló al padre como agresor y el 34% a la madre.
Además, el número de personas denunciadas creció de forma significativa: pasó de 3484 en 2024 a 10.951 en 2025.
Tipos de violencia
La violencia psicológica encabeza las denuncias en ambos años, seguida por la violencia física.
* En 2024, el 37% de los casos incluyó agresión física.
* En 2025, ese número subió a alrededor del 42%.
Esto implica que más de cuatro de cada diez niños denunciantes sufrieron violencia física en los últimos dos años.
2026: señales de alerta
Los primeros datos de 2026 refuerzan la preocupación. Durante el primer mes del año, la OVD realizó 1153 evaluaciones de riesgo, un 2% más que en el mismo período anterior.
Entre los casos:
* Niños y adolescentes representaron el 29% de las situaciones.
* El 98% incluyó violencia psicológica y el 39% física.
* El 26% fue considerado de riesgo alto o altísimo.
Una problemática estructural
Especialistas advierten que la violencia intrafamiliar no es un hecho aislado, sino parte de dinámicas sostenidas en el tiempo. Según la psicóloga Sol Rivera, estas situaciones evidencian fallas en los sistemas de detección e intervención.
La profesional señala que muchos agresores presentan dificultades para regular sus emociones, antecedentes de violencia o una concepción del niño como objeto de control, lo que genera relaciones profundamente desiguales.
Señales de alerta en niños
Algunos indicadores que pueden evidenciar situaciones de violencia son:
* Lesiones frecuentes o con explicaciones poco claras
* Cambios de conducta (aislamiento, miedo, agresividad)
* Estado de alerta constante
* Dificultad para confiar en adultos
* Retrocesos en el desarrollo
Muchas veces, los niños no verbalizan lo que les ocurre, pero lo expresan a través del cuerpo y el comportamiento.
Qué hacer ante un caso
Los especialistas recomiendan:
* Escuchar al niño sin poner en duda su relato
* Buscar ayuda profesional
* Generar redes de contención
* Realizar la denuncia correspondiente
El objetivo es intervenir a tiempo y garantizar la protección del menor.
Repensar la crianza
En cuanto a la relación entre adultos y niños, los expertos destacan la importancia de la educación emocional. Los llamados "berrinches" no deben interpretarse como desafíos, sino como dificultades del niño para gestionar lo que siente.
El rol del adulto, en este sentido, es acompañar, poner límites sin violencia y ayudar a desarrollar herramientas emocionales.
La problemática, lejos de ser individual, interpela a toda la sociedad: detectar, intervenir y prevenir sigue siendo una deuda urgente.
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Datos extraidos de Casas de Hoy