25 de febrero de 2026
En una charla exclusiva desde la Unidad Penal 37 de Barker, Emanuel Marino relata la noche que cambió su vida para siempre. Condenado a 12 años de prisión tras un juicio por jurados, el vecino de Tandil reflexiona sobre la inseguridad, el cansancio social y el dolor de estar lejos de su familia.
Javier Levigna, de Radio Tandil, se trasladó hasta la Unidad Penal 37 para entrevistar a Emanuel Marino. En un ambiente de calma inesperada, lejos de los estereotipos de las series carcelarias, Levigna buscó profundizar en un caso que conmocionó a la ciudad: la noche en que un vecino, cansado de los robos, disparó contra jóvenes que robaban cables y terminó con la vida de Gianfranco Adaro. Sin intención de juzgar, la entrevista busca entender qué sucede cuando el Estado se ausenta de las calles y la desesperación toma el control.
Javier Levigna: Emanuel, para comenzar, ¿en qué momento decidiste comprar un arma?
Emanuel Marino: El arma era de mi abuelo, estaba guardada y nunca la había usado. Una vez la probé para ver si funcionaba y quedó ahí guardada. Era una pistola calibre 22.
Levigna: ¿La tenías en tu casa por seguridad? ¿Te habían robado antes?
Marino: Sí, varias veces. A mí y a todo el barrio. Me habían robado la batería del auto, tres estéreos que todavía estaba pagando, y a mi viejo le habían destrozado un vehículo para llevarse los vidrios. A un vecino le robaron todas las herramientas de una obra. Uno se cansa de pagar cosas que ya no tiene porque te las roban, hacés la denuncia y no pasa nada. La misma policía te dice que ellos los meten presos, pero al rato están afuera.
Levigna: Contanos cómo se llega a esa noche trágica en la calle Chienno al 200.
Marino: Eran como las doce y media o una de la mañana. Yo justo salía de la casa de mi viejo y los vi en el palo de luz. Vi a uno al lado de mi auto y lo primero que pensé fue: "otro estéreo más me van a robar". Me asusté, fui a buscar el arma, pegué un grito y golpeé la reja para que se fueran. Ellos salieron en la moto y yo tiré unos tiros al aire para asustarlos, para que no volvieran más.
Levigna: ¿En ese momento supiste que habías herido a alguien?
Marino: Vi que uno se cayó, pero pensé que lo había herido en una pierna, nada más. Me asusté, descarté el arma y anduve dando vueltas en el auto, nervioso, sin saber qué hacer. Recién al otro día mi tía me mandó un mensaje diciendo que habían matado a uno en la esquina de mi casa. Ahí me quedé peor, porque lo que menos imaginé es que lo había matado.
Levigna: Después vino el proceso judicial y el juicio por jurados. Se dijo que sentiste "placer" al matar, ¿fue así?
Marino: No, nada que ver. Eso lo dijo el fiscal Gustavo Morey, que yo lo había disfrutado y organizado. Pero si lo hubiera organizado, no habría dejado que secuestraran mi teléfono, me habría encapuchado o no habría dicho dónde tiré el arma. Mi intención nunca fue matarlo, fue asustar. Incluso los peritos dijeron que pegarle a esa distancia, de noche, en movimiento y con una pendiente, era algo casi imposible, digno de un francotirador. Fue mala suerte.
Levigna: Hoy estás cumpliendo una condena de 12 años, aunque está apelada. ¿Cómo son tus días en Bárker?
Marino: Estoy tranquilo en el pabellón, trabajo como portero en la escuela de la unidad y estoy estudiando la primaria. Me llevo bien con los internos y los encargados, todos conocen mi historia. Pero estar encerrado es difícil. Yo soy una persona de trabajo, ayudaba a mi viejo en el taller; no estoy acostumbrado a esto y a veces me ataca la angustia.
Levigna: ¿Qué sentís respecto a la justicia hoy?
Marino: Siento que es injusto. Veo que la inseguridad sigue igual o peor, a mi viejo le volvieron a robar hace poco y nadie hace nada con las cámaras. Yo, que nunca tuve una entrada a una comisaría, estoy acá adentro por un accidente, mientras otros con antecedentes siguen afuera robando. La justicia no defiende al ciudadano que trabaja.
Levigna: ¿Te considerás un imprudente?
Marino: Sí, creo que sí. Salió mal, no era la idea. Quizás no tendría que haber agarrado el arma, pero uno viene acumulando bronca de que te roben y que te rompas el lomo trabajando para nada.
Levigna: ¿Cómo se viven las fechas especiales en la cárcel?
Marino: Es muy duro. Pasé mi cumpleaños, el día del padre, de la madre... uno ve a todos con caras largas, muchos lloran. Se extraña a la familia. Mis viejos me visitan, pero les cuesta mucho mantenerme acá y mantenerse ellos. Me angustia pensar que si tengo que cumplir los 9 años que faltan, quizás pierda a algún familiar estando acá adentro.
Levigna: ¿Tenés miedo a las represalias cuando salgas?
Marino: He recibido amenazas por redes sociales y una vez acá adentro, de un amigo del chico fallecido. Me dicen que me van a hacer la vida imposible. Pienso que no voy a poder andar tranquilo en Tandil, que me voy a tener que ir. Se lo dije al fiscal y me dijo que no importaba. Parece que si me pasa algo a mí no importa, pero lo que pasó esa noche sí.
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