10 de marzo de 2026

Análisis

La guerra complicará al campo: "El sector agropecuario tiene mucho más para perder que para ganar", dice Álvarez

Si el conflicto persiste, avizora "más complicaciones que bondades". "Si llegamos al mes de mayo, cuando se empieza a definir la fina, con una política incierta, aumento de la urea y del resto de los fertilizantes, con un aumento del combustible y con un aumento de los fletes, va a ser una siembra realmente complicada", anticipó.

El director de Coopagro, Daniel Álvarez, trazó un duro pronóstico sobre el impacto del conflicto bélico internacional en la economía agraria argentina, en general, y en la regional, en particular. Definió la situación como "compleja, y difícil" de descifrar por la magnitud de los eventos y la incertidumbre en torno a la duración el conflicto.

A pesar de que los conflictos bélicos suelen disparar el valor de las materias primas, Álvarez advierte sobre una lectura excesivamente optimista. Respecto a la duración de las hostilidades en el Medio Oriente, señaló que "parecería que todo el mundo está suponiendo que esto es un conflicto que va a terminar en un plazo razonablemente corto: dos, tres, cuatro semanas. Por otro lado, si escuchás algunas versiones de funcionarios del régimen iraní ahí cambia totalmente el escenario".

Incluso bajo las estimaciones temporales más optimistas, el balance para el productor local no es positivo. "Yo creo que el sector agropecuario tiene mucho más para perder que para ganar", sentenció Álvarez. El motivo principal radica en que el alza de precios en las pizarras externas no se traduce de igual forma en el mercado local: "Cuando se dice que aumentan los commodities, hay que añadir: aumentaron los commodities en Chicago. Argentina estaba con una prima por encima de Chicago importante, por distintos motivos, que ahora se ha ido achicando, pero lo cierto es que los precios de los commodities en Argentina no han tenido cambios, por lo menos en estos últimos 15 días".

Incluso si los precios subieran, el impacto sería limitado: "El aumento potencial que pudiera haber en caso de que este conflicto se mantuviera, viene por el lado de los biocombustibles, o sea, el biodíésel (soja) y el bioetanol (maíz)", pero aclaró que en el caso de la soja, "estamos hablando, solamente del 15 o el 16%" ya que el resto es harina. "O sea que la incidencia que puede tener en los precios de los biodieseles no sería nada importante".

La trampa de los costos: Combustibles, fletes y fertilizantes

Lo que sí impacta de manera inmediata es el aumento de los insumos. "En cambio, ya estamos sufriendo un aumento del petróleo, del gas y eso significa aumento del combustible, ya lo estamos viendo en los surtidores en Argentina". Esta suba de la energía tiene un efecto dominó: "Eso significa que van a aumentar los fletes, no solo los fletes internos, sino los fletes de los buques de ultramar".

El panorama se agrava al mirar los fertilizantes, esenciales para la productividad. "Por otro lado, estamos teniendo un nivel de incertidumbre total con toda la política de fertilizantes. ¿Por qué? Porque gran parte de la urea que se usa en el mundo proviene de esa zona... del estrecho de Ormuz que está cortado". Álvarez es pesimista en este punto: "Si esto se mantuviera en el tiempo, son mucho más las consecuencias negativas que positivas, por lo menos por lo que yo entiendo".

El riesgo es que, si el conflicto persiste, "van a ser mucho más complicaciones que bondades. Por ejemplo, si nosotros llegamos al mes de mayo, cuando se empieza a definir la fina, con una política incierta, aumento de la urea y del resto de los fertilizantes, con un aumento del combustible y con un aumento de los fletes, va a ser una siembra realmente complicada".

La dependencia externa es crítica. Álvarez recordó que existen dos grandes grupos de fertilizantes: "El fósforo, que es diamónico. Eso es todo importado. Fundamentalmente de Rusia y norte de África. Y la urea, que es en base a gas. La Argentina produce en la planta de Profertil aproximadamente el 50% del consumo. El resto viene de países que hoy están en conflicto, que son los países del Golfo, caso Qatar y Rusia". Hoy, esta realidad ya golpea el bolsillo: "Entonces estamos ante un escenario complicado donde hoy ha aumentado la urea entre 150 y 200 dólares y donde suponemos y esperamos que esto cambie, se solucione el conflicto y los valores vuelvan a los anteriores".

No obstante, la normalización no será rápida: "Hay más dificultades aún porque una logística de ese tipo dura no menos de 4 meses. Entonces yo creo que vamos a llegar a la próxima siembra de fina con precios altos".

Ante este escenario de volatilidad, la recomendación de Álvarez para los productores es la cautela extrema: "¿Recomendación a los productores? Esperar hasta último momento, no tomar ninguna decisión que tenga que ver con la compra de insumos. Hay que esperar que esto pase". Amplió su consejo pidiendo a los empresarios "ser muy cauto en esto y estar muy atentos a lo que pasa tanto con la política interna como la política internacional. Y no tomar decisiones apuradas en un momento como este, de un conflicto latente".

Retenciones en la mira

Ya con la mirada puesta sobre lo local y en el medio de algunas versiones que circulan (tras la inauguración de ExpoAgro) que hablan sobre una nueva quita de retenciones, Álvarez prefiere ceñirse al discurso oficial: "Yo me voy a guiar por lo que dijo el presidente en el mensaje de apertura del Congreso. Dijo que en la medida que la política fiscal lo permitiera, iba a bajar en forma gradual el nivel de retenciones. ¿Cuándo lo va a hacer? No lo sé. A diferencia de años anteriores, por lo general no hay filtraciones... pero uno tiene que ser cauto en esto. En la política fiscal parecería ser que no sobra nada". "¿Puede bajar las retenciones? Sí. ¿Deberían bajar? Sí. Fundamentalmente las que afectan a la soja", añadió.

Estimó que algo de esto podría suceder cuando "el gobierno necesite que la gente liquide soja" allá por el mes de junio o julio", pero fue cauto. "La baja va a ser gradual. En el negocio, si baja la retención, bienvenido sea, pero si no, nada va a cambiar sustancialmente porque hay una realidad internacional de precios bajos a partir de situaciones de la oferta que hacen que los precios hoy, tanto de la soja, tanto del maíz, tanto del trigo son precios bajos a nivel internacional".

Realidad local: Clima y alquileres

En el plano regional, la situación se torna crítica debido a factores climáticos. "Creo que este va a ser un año muy difícil, más que nada para la zona nuestra. Lamentablemente el clima no nos ha acompañado y vamos a tener una gruesa muy floja", apuntó Álvarez.

Fue muy claro respecto a quienes producen sobre campos arrendados: "Todo lo que sea el campo alquilado, siembra para soja, siembra maíz, va a quebrar, va a tener pérdida. Lamentablemente el productor en la zona nuestra que alquiló para soja, para maíz va a perder plata".

Este combo de precios internacionales bajos, clima adverso y costos altos proyecta una sombra sobre el futuro: "Entonces vamos a tener una temporada la que se viene 26/27 complicada con insumos caros en la medida que no se solucione el problema del conflicto bélico". Además, detalló que se enfrentarán "con ingresos que van a achicarse en caso de maíz un 40, un 50% y con alquileres que son caros. No digo que esté bien o mal el valor del campo, digo que la participación que tiene el alquiler hoy en el negocio agrario hace que sean niveles caros".

Por ello, sostuvo que "la tendencia debería ser que a los alquileres tiendan a bajar razonablemente". Reconoció que aunque "el campo es un recurso escaso y caro. Hay muchos actores demandando campo. ¿Se va a poder hacer (la rebaja de los alquileres)? ¿No se va a poder hacer? No lo sabemos. Pero que hoy el número no da para este nivel de alquiler, es algo de lo que estoy totalmente convencido", remató.

El nuevo modelo: Eficiencia y valor agregado

Finalmente, Álvarez analizó el cambio estructural de la economía argentina a la luz de lo que propone el gobierno: un cambio en la estructura productiva para concentrarse en los rubros más competitivos y abandonar otros.

"Nosotros (en Coopagro) planteamos ya hace 3 años aproximadamente que venía un cambio de modelo", recordó antes de describir el pasado reciente como un esquema donde "durante 20 años tuvimos un modelo que tuvimos que aprender a gestionar con alta inflación, con devaluaciones periódicas, con tasa de interés negativa en un modelo a nivel mundial que eso era inviable, era insostenible en el tiempo".

En contraste, definió el presente: "Ahora apareció otro modelo económico donde pareciera que hay estabilidad, donde bajó la inflación aunque sigue siendo alta, el tipo de cambio en los últimos 3 meses ha bajado, tenés una tasa de interés positiva de más o menos del 3% contra un tipo de cambio que está bajando y con apertura económica".

Ante esta nueva realidad, el directivo fue pragmático: "No digo que esté bien o que esté mal, digo que es la realidad. Y siempre en la cooperativa hemos tratado de adaptarnos a la realidad porque no podemos cambiar el modelo económico". Esto implica que "esa realidad significa que uno tiene que gestionar totalmente distinto y ser cada vez más eficiente y más competitivo".

Sobre el futuro de este rumbo económico, expresó sus dudas: "¿Qué va a pasar con este modelo? Ojalá, después de mucho tiempo y esfuerzo entremos por la senda del crecimiento y el desarrollo. Puede ser, no digo que no. O también puede ser que volvamos a la época de la convertibilidad, donde yo me acuerdo muy bien cómo terminamos el 2001. También puede ser. ¿Qué va a pasar? No lo sé". Para el director de Coopagro, el camino en el corto plazo es uno solo: "En el mientras tanto, para poder sostenernos y para poder estar tenemos que ser eficientes, competitivos".

Consultado sobre la industrialización de la ruralidad, Álvarez bajó las expectativas de soluciones mágicas: "¿Sirve agregado valor? Sí, pero el agregado de valor no es inmediato. El agregado de valor lleva su tiempo. Hay que buscarle un mercado, hay que formar una empresa competitiva, hay que darle tiempo". Como ejemplo, citó la experiencia propia: "Nosotros la planta de muzzarella, el último proyecto de agregado de valor, lo empezamos a construir en el 2020. Estamos en el 2026 y estamos tratando de lograr nuestro punto de equilibrio".

En conclusión, enfatizó que "pensar que uno se va a salvar en un escenario como este, de un día para el otro, agregando valor, me da la sensación que no es posible. Se va a salvar quien sea competitivo y eficiente y esté en un sector que más o menos tenga posibilidad de competir abiertamente a nivel mundial". En el cierre de su análisis dejó una expresión de deseo más que una consecuencia evidente de lo que se está viendo por ahora: "¿Cómo termina esto? No lo sé. Ojalá termine para bien en un modelo de crecimiento de desarrollo".

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