21 de octubre de 2026
Desde Roma, el periodista argentino y especialista en comunicación política analizó en diálogo con Radio Tandil el declive económico relativo de Europa, el retroceso de su Estado de bienestar, la crisis demográfica y los desafíos geopolíticos que enfrenta el continente.
El deterioro económico relativo de Europa, la pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y China y las crecientes dificultades para sostener los pilares históricos del Estado de bienestar constituyen, según el periodista argentino Lisandro Sabanés, algunas de las claves para comprender el malestar social que atraviesa al Viejo Continente.
Radicado en Roma desde hace casi tres años, el especialista en comunicación política ofreció un diagnóstico sobre las transformaciones económicas, sociales y geopolíticas de Europa durante una entrevista con Radio Tandil. En su análisis, sostuvo que, más allá de las particularidades de cada país y de los reclamos que impulsan las protestas, existe un problema estructural que atraviesa al conjunto de la región: la pérdida de peso económico de la Unión Europea en el escenario global.
Europa pierde terreno frente a Estados Unidos y China
Para Sabanés, uno de los puntos de inflexión en la evolución económica europea fue el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio, en 2001. Desde entonces, explicó, la economía asiática incrementó significativamente su participación en el producto bruto interno mundial, mientras que Europa perdió peso relativo.
"Hay una cuestión para mí que unifica todo, más allá de las particularidades que existen, que es el declive económico relativo de la Unión Europea", afirmó.
El periodista también vinculó ese proceso con las consecuencias de la crisis financiera internacional de 2008 y con las diferentes estrategias adoptadas por las principales potencias para impulsar sus economías y desarrollar nuevas tecnologías.
En ese sentido, consideró que Europa no logró responder a la crisis con la misma capacidad de transformación que Estados Unidos y China. Como ejemplo, señaló el rezago europeo en el desarrollo de la inteligencia artificial y la ausencia de empresas tecnológicas del continente entre los principales referentes globales del sector.
La pérdida de competitividad, sostuvo, no constituye solamente un problema de crecimiento económico, sino también un factor que condiciona la autonomía estratégica europea y su capacidad para disputar espacios de poder en el nuevo escenario internacional.
El Estado de bienestar, bajo presión
Otro de los ejes centrales de la entrevista fue la crisis del modelo de bienestar que caracterizó a buena parte de Europa durante la segunda mitad del siglo XX.
Sabanés explicó que ese sistema, consolidado durante la posguerra, cumplió una función económica y social, pero también política: ofrecer mejores condiciones de vida a los trabajadores y contener el avance del comunismo en el contexto de la Guerra Fría.
"Ese Estado de bienestar financiado en la posguerra funcionaba como una muralla de contención muy efectiva contra el avance del comunismo. Era como un acuerdo con los obreros europeos: 'Yo te doy vacaciones, vos no te hagas comunista'", señaló.
Sin embargo, consideró que las condiciones que hicieron posible aquel acuerdo se modificaron profundamente. En un contexto de globalización, las grandes empresas y los capitales pueden operar a escala internacional, sin mantener necesariamente el mismo vínculo con los territorios donde surgieron.
Como ejemplo, mencionó la transformación de Fiat, históricamente identificada con la ciudad italiana de Turín, y su integración en el grupo automotor Stellantis. Para el analista, estos cambios ilustran cómo las compañías europeas dejaron atrás parte de su identidad y de su arraigo nacional en favor de estructuras empresariales globalizadas.
Más gasto militar, menos margen para los servicios públicos
La presión para incrementar el gasto en defensa, en el marco de los compromisos asumidos por los países europeos dentro de la OTAN, representa otro desafío para unas economías que ya enfrentan dificultades presupuestarias.
Sabanés advirtió que el aumento de los recursos destinados al sector militar puede intensificar la disputa por los fondos públicos y afectar la financiación de áreas esenciales como la educación, la sanidad y las jubilaciones.
"La plata es una sola. Si vos le das más plata a defensa, obviamente le das menos plata a educación, a sanidad y a las pensiones", afirmó.
A esa tensión se suman las dificultades estructurales de los sistemas previsionales. El aumento de la expectativa de vida y las transformaciones en las trayectorias laborales ponen en cuestión modelos diseñados para una realidad demográfica y productiva diferente.
Según explicó, las jubilaciones fueron concebidas bajo parámetros de longevidad y estabilidad laboral que ya no se corresponden plenamente con las condiciones actuales. A su vez, las nuevas generaciones tienden a cambiar de empleo con mayor frecuencia y a buscar oportunidades en distintos sectores, lo que puede complicar los mecanismos tradicionales de aportes y financiación.
El invierno demográfico y la falta de recambio generacional
La baja natalidad es, para Sabanés, uno de los problemas más profundos que enfrenta Europa. El fenómeno, conocido como invierno demográfico, amenaza tanto la sostenibilidad de los sistemas de protección social como la capacidad de renovación económica de las sociedades.
"Este es un país sin niños, lo cual primero es una tragedia humana, pero segundo es un gran perjuicio económico porque no hay reemplazo ni aportantes. Es una sociedad que se agota, que no genera y que no innova", sostuvo.
El periodista vinculó la caída de los nacimientos con un escenario de envejecimiento poblacional y con las dificultades para garantizar, a largo plazo, el financiamiento de las jubilaciones y de otros servicios públicos.
La cuestión demográfica, desde esta perspectiva, excede las estadísticas de natalidad: plantea interrogantes sobre el futuro de la fuerza laboral, el dinamismo de la economía y la capacidad de los países europeos para sostener sus niveles históricos de bienestar.
Una crisis que también es cultural
Durante la entrevista, Sabanés también reflexionó sobre el clima de conflictividad social y las tensiones culturales que atraviesan a las sociedades occidentales. A su entender, el malestar actual no puede explicarse únicamente a partir de la inmigración o de las dificultades económicas, sino que también incluye una relación cada vez más conflictiva con la propia historia y la identidad cultural.
"En Occidente en general hay una degradación muy visible que excede a los inmigrantes, que se manifiesta en la violencia de las protestas y en cierto odio hacia lo propio, hacia su propia historia", expresó.
En esa línea, cuestionó que los países europeos puedan recuperar su dinamismo si el debate público se construye desde un rechazo generalizado de su pasado. Sus declaraciones vinculan así las tensiones económicas con una discusión más amplia sobre los valores, las tradiciones y el sentido de pertenencia en las sociedades contemporáneas.
Crecer para dejar de administrar la crisis
Como conclusión, Sabanés planteó que las dificultades de Europa no podrán resolverse exclusivamente mediante ajustes presupuestarios, reformas administrativas o redistribuciones del gasto. A su juicio, la recuperación depende, en última instancia, de la capacidad de las economías para volver a crecer y fortalecer su aparato productivo.
"Si la economía no crece, no hay ningún gobierno que pueda solucionar nada, porque administrar la pobreza es pan para hoy y hambre para mañana, aquí, allá, antes y después", concluyó.
Su diagnóstico apunta a un desafío que trasciende las fronteras europeas: sin crecimiento sostenido, inversión, innovación y capacidad productiva, los gobiernos encuentran cada vez más dificultades para financiar sus políticas públicas y responder a las demandas sociales.
En ese escenario, el interrogante de fondo es si Europa conseguirá recuperar competitividad y dinamismo económico sin erosionar los mecanismos de protección social que definieron su modelo de desarrollo durante décadas.





Datos extraidos de Casas de Hoy
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