30 de junio de 2026
Gutiérrez advirtió que muchas veces se comete el error de no hablar de la sucesión a tiempo, esperando hasta que el fundador ya no está físicamente. Sin embargo, la transición debería comenzar mucho antes, cuando quien maneja el campo decide dejar de ser el único que toma todas las decisiones del día a día.
Rauch fue centro de un debate necesario para el sostenimiento del tejido social y productivo del campo bonaerense. En un evento que superó las expectativas, la Sociedad Rural de Rauch llevó a cabo la charla "Empresas Familiares agropecuarias: roles, buenas decisiones y comunicación", un encuentro que permitió poner sobre la mesa tensiones que suelen permanecer en el ámbito de lo privado pero que determinan el éxito o fracaso de las explotaciones rurales.
Alejandro Gutiérrez, presidente de la entidad, se refirió a la iniciativa que buscó mirar el horizonte del sector con "faros largos". En una entrevista brindada a Radio Tandil (AM1140), Gutiérrez analizó los puntos críticos que atraviesan las familias de campo hoy: desde la compleja psicología del traspaso de mando hasta la irrupción de la tecnología como herramienta para combatir el histórico desarraigo rural.
Según explicó Gutiérrez, el objetivo era romper con la inercia de discutir únicamente lo urgente. "A veces nos concentramos en charlas que ocupan el momento, una charla de partos, por ejemplo y dejamos de discutir algo que es muy importante, que es la parte familiar de la empresa", señaló el dirigente.
La presencia de diferentes generaciones -abuelos, padres e hijos- en un mismo espacio permitió que se empezaran a gestar esas "conversaciones incómodas" que muchas veces se postergan por temor al conflicto. Para facilitar este proceso, la entidad contó con la disertación de Manuel Molina, ingeniero agrónomo y consultor especializado en agronegocios, quien aportó una mirada profesional sobre cómo gestionar el vínculo entre los lazos afectivos y los intereses económicos.
Sucesión: Más que una herencia, una transición de decisiones
Para Gutiérrez, la clave de la supervivencia de estas empresas no es solo la herencia de la tierra, sino la planificación de la sucesión en la toma de decisiones. El dirigente advirtió que muchas veces se comete el error de no hablar de la sucesión a tiempo, esperando hasta que el fundador ya no está físicamente. Sin embargo, la transición debería comenzar mucho antes, cuando quien maneja el campo decide dejar de ser el único que toma todas las decisiones del día a día.
En el campo, esta situación se agrava por la figura del productor "multiuso". "A veces se confunden los roles... hacemos la parte de oficina, los trámites, la venta, la diaria del campo", describió Gutiérrez. Esta falta de claridad impide que las nuevas generaciones encuentren un lugar específico y motivador dentro de la estructura, alejándolas progresivamente del negocio familiar para buscar proyectos personales fuera del establecimiento.
Otro de los puntos de fricción identificados durante la entrevista fue la gestión financiera interna de las familias rurales. Es común que los miembros de la familia trabajen bajo la modalidad de un "pozo común" de donde se extrae dinero según la necesidad, sin distinguir entre lo que es una retribución por el trabajo y lo que es el rendimiento del capital.
Gutiérrez acerca una alternativa al respecto: "Habría que definir claramente qué es un sueldo y qué es un dividendo dentro de la familia". Si un hijo no puede retirar lo que legítimamente le corresponde por su labor, se ve imposibilitado de planificar su propia vida, lo que termina generando un distanciamiento. El riesgo final es que, cuando el fundador finalmente desea delegar el mando, los hijos ya tienen una vida armada, con sus propias familias y proyectos, lo que deja al campo sin continuidad y destinado al alquiler o la venta.
El fantasma de la concentración de la tierra
El fracaso de una empresa familiar no solo tiene un costo emocional, sino que reconfigura el mapa económico de la región. Ante la falta de relevo generacional, muchas tierras terminan siendo absorbidas por actores con mayor capacidad económica o estructuras más organizadas, un proceso que Gutiérrez no dudó en señalar como una realidad preocupante.
Esta concentración, advirtió el dirigente, suele llevar aparejada una reducción de las fuentes laborales. "Si el que está al lado alquila y tiene armada su estructura... quizás no necesite el personal que esa empresa familiar ocupaba", explicó.
Tecnología y conectividad: El puente para el retorno al campo
Un aspecto innovador del evento fue vincular la problemática generacional con la tecnología. La Sociedad Rural de Rauch decidió sortear una antena de Starlink entre sus socios durante la charla, bajo la premisa de que hoy la comunicación lo es todo. Para Gutiérrez, la falta de conectividad ha sido uno de los grandes motores del desarraigo en los últimos 50 años.
El dirigente recordó con nostalgia la historia de la rural, que en su momento tuvo la central de radioteléfonos que permitió la comunicación durante inundaciones históricas como la de 1980. Hoy, la conectividad satelital representa un salto de calidad similar. "Hoy pasa que uno hace 20 o 30 kilómetros por un camino rural y es como que viajara en el tiempo... te encontrás que no tenés luz, no tenés gas, no te podés comunicar", lamentó.
Sin embargo, se mostró optimista sobre el futuro: las herramientas actuales permiten que un joven profesional pueda vivir en el campo y seguir conectado con el mundo o capacitarse a distancia. "Si alguien en la familia se dedica a un trabajo que lo pueda hacer por internet, puede vivir tranquilamente en el campo sin necesidad de tener que estar en la ciudad", aseguró. Esta posibilidad de llevar el confort urbano al entorno rural es, para Gutiérrez, una de las llaves para que las nuevas generaciones elijan quedarse y continuar el legado familiar.
El testimonio personal como motor del cambio
La visión de Alejandro Gutiérrez no nace solo de su rol institucional, sino de su propia historia de vida. Siendo bioquímico de profesión, las circunstancias lo llevaron a tener que decidir si continuaba con la explotación que su padre había forjado con esfuerzo. "Tuve que tomar la decisión. ¿Qué hago? ¿Sigo con todo eso que hizo mi viejo, que le puso toda la vida, que le puso toda la garra... con lo que crecí?", relató con emoción.
Para él, la clave para que un hijo "quiera" el campo es hacerlo partícipe de los resultados y de las decisiones desde temprano. "Si el otro solamente va a trabajar y no participa en las decisiones... es muy difícil que se ponga la camiseta de todo, es muy difícil que lo quiera", sentenció. Este enfoque humano, que combina la psicología con la gestión administrativa, fue el corazón de la propuesta que la Sociedad Rural de Rauch llevó a su comunidad.
Un modelo inspirador para la región
El éxito de la charla en Rauch ha resonado en distritos vecinos como Tandil, Ayacucho y Balcarce, donde las problemáticas son idénticas. La iniciativa demostró que existe una demanda latente por espacios donde se profesionalice la gestión de las relaciones humanas en el agro. Como señaló Gutiérrez, el éxito de una explotación agropecuaria no se mide solo en quintales o cabezas de ganado, sino en la capacidad de mantener unida a la familia y de asegurar que el esfuerzo de los abuelos siga rindiendo frutos en las manos de las generaciones venideras.
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Datos extraidos de Casas de Hoy