23 de junio de 2026
En cuanto a la remuneración, la titular de Redes Rurales aclaró que los salarios en el campo varían mucho según el empleador y la región, ajustándose generalmente a los convenios colectivos, aunque se destacan zonas donde los salarios suelen ser más competitivos (los montos pagados por la mayoría sube la vara en el mercado).
En Radio Tandil (AM1140), Aldana Larretchart, titular de la consultora Redes Rurales, desmenuzó la compleja realidad del mercado laboral agropecuario actual, un sector que, si bien mantiene sus raíces tradicionales, atraviesa una transición inevitable hacia la modernización y la profesionalización de sus recursos humanos.
La génesis de Redes Rurales no fue casual. Surgió de la observación directa de una falencia en el sistema. Vivió en el campo y detectó una necesidad insatisfecha en la búsqueda de personal agropecuario. "Me empecé a interiorizar y a armar un sistema especialmente destinado a la población agropecuaria", explicó la especialista, subrayando que su formación en recursos humanos le permitió darle una estructura profesional a una demanda que antes se resolvía casi exclusivamente por el "boca a boca".
El gran acierto de su consultora fue identificar las barreras de entrada para el trabajador rural. En un entorno donde la conectividad es errática y la formalidad digital (como correos electrónicos o perfiles) no es la norma, Larretchart diseñó un sistema basado en la herramienta más accesible: WhatsApp. "No necesitás ni siquiera tener un currículum. Si lo tenés mejor, pero si no, nosotros recibimos un audio donde la persona cuenta lo que sabe hacer", detalló.
Este método elimina la necesidad de contraseñas o registros complejos, facilitando que puesteros, tractoristas o capataces puedan postularse desde cualquier rincón del país, incluso allí donde la señal apenas permite enviar un mensaje de voz. También elimina una barrera que en el interior profundo del país se manifiesta, a veces, en personas con procesos de lecto-escritura con falencias.
El perfil del trabajador: Sensibilidad y cultura
Uno de los puntos más destacados de la entrevista fue la definición del "perfil" del trabajador rural. Para Larretchart, más que un perfil psicológico estricto, se trata de una cuestión de cultura. El trabajador de campo es alguien que se siente cómodo con la vida al aire y que posee una conexión especial con su entorno. "Miran el cielo y ya perciben la lluvia o el viento. Es una cultura del valor por el aire libre, por el fuego, por la lluvia", describió.
Este arraigo cultural suele ser hereditario o por algún tipo de vínculo familiar. La entrevistada observó que mayoritariamente las personas que viven en centros urbanos como Tandil o Ayacucho y desean migrar al campo es porque tuvieron alguna "estimulación de chicos", ya sea visitando a abuelos o primos en establecimientos rurales. No obstante, Larretchart advierte que vivir en el campo no es solo aprender un oficio, sino adoptar un estilo de vida diferente: "Desde prenderte la salamandra a organizar el trabajo en relación al sol".
Más allá del sueldo: El peso de los beneficios no monetarios
En cuanto a la remuneración, la titular de Redes Rurales aclaró que los salarios en el campo varían mucho según el empleador y la región, ajustándose generalmente a los convenios colectivos, aunque en zonas como Tandil suelen ser más competitivos (los salarios pagados por la mayoría ponen una vara en el mercado).
Sin embargo, lo que realmente define el atractivo de una propuesta laboral, muchas veces, en el sector agropecuario son los beneficios extra.
En el campo, la negociación salarial incluye componentes que en la ciudad no existen. "Los beneficios son mercadería, carne, algunos ofrecen litros de gasoil para llevar los chicos a la escuela", puntualizó. Uno de los incentivos más valorados sigue siendo la posibilidad de tener animales propios para criar y consumir o vender.
Larretchart explicó que, aunque en empresas grandes la materia salarial esté más estructurada, en los campos chicos sigue siendo una parte vital de la negociación: "Mucha gente valora eso, poder tener sus propios animales".
Hoy en día, se ha sumado un beneficio que se ha vuelto indispensable: el acceso a internet. Lo que antes era un lujo, hoy es una condición necesaria para atraer personal, ya que permite a la familia del trabajador mantenerse conectada con el mundo y la educación.
Infraestructura y género: Las deudas pendientes
A pesar de los avances, el empleo rural enfrenta barreras estructurales que exceden lo laboral. La falta de mantenimiento en los caminos rurales y la dificultad para acceder a escuelas son los principales impedimentos para que las familias decidan radicarse en los establecimientos.
"Todas las personas quieren que sus chicos vayan a la escuela y se convierte en una de las principales barreras", afirmó Aldana, señalando que muchas veces, aunque el campo provea un vehículo (o el Estado a través del servicio de transporte rural), el mal estado de las rutas impide que los docentes lleguen o que la combi escolar realice su recorrido.
Esta falta de infraestructura también repercute en la brecha de género. Si bien existen muchas mujeres interesadas en trabajar en el campo, especialmente en los tambos o en la administración de cascos, la mayoría de las búsquedas siguen orientadas a varones debido a que las instalaciones no están preparadas para ofrecer la privacidad necesaria.
"Hay un ambiente tan masculino en el campo que muchas veces las estructuras están pensadas para eso y falta privacidad, por ejemplo", lamentó Larretchart, aunque se mostró optimista respecto a una futura transición donde las inversiones en infraestructura permitan equipos más diversos.
El cambio generacional y el derecho al descanso
Finalmente, la entrevista abordó una tensión creciente en el sector: el cambio en la cultura del descanso. Históricamente, el trabajador rural permanecía en el campo durante largos periodos. Hoy, las nuevas generaciones exigen un equilibrio diferente. "Los trabajadores ya valoran más el tiempo libre. Es un cambio generacional o de cultura laboral que se está dando en todas las industrias y en el campo también", analizó la especialista.
Este cambio obliga a los empleadores a negociar regímenes de guardias más claros y flexibles. La seguridad de los campos y el cuidado de los seres vivos (animales) requieren presencia constante, pero la tendencia actual es que los trabajadores prefieran pasar sus fines de semana en centros urbanos cercanos.
Según Larretchart, la clave para evitar conflictos es la transparencia desde el inicio: "Es importante aclararlo de entrada: cómo va a ser la guardia y cómo se la va a manejar".
La especialista concluyó resaltando que su labor en Redes Rurales busca llenar ese "hueco" que existía en la intermediación laboral, ayudando a que el trabajador llegue directamente a quien puede contratarlo, eliminando barreras y profesionalizando un sector que es uno de los motores de la región.
Con un sistema sencillo pero eficaz, la consultora no solo facilita empleos, sino que ayuda a sostener una forma de vida que, con sus desafíos y transformaciones, sigue siendo el corazón de la identidad argentina.
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